Hoy quiero honrar a mi hija y darle las gracias por todo lo que me ha dado y todo lo que sigo recibiendo de ella.
Mi persona favorita. La que me da luz sin pedir nada a cambio.
¿Qué habría hecho sin ella estos últimos 7 años?
Se nos olvida tantas veces ser agradecidos con lo que tenemos… vivimos deprisa, damos por hecho lo importante, y no siempre paramos a sentir la bendición que ya está en nuestra vida. Y, sin embargo, si algún día nos falta, tendemos a lamentar lo que no hicimos, lo que no dijimos, lo que no abrazamos cuando pudimos.
En los momentos más difíciles, ella está.
En los días grises, ella está.
Y en los días soleados… también está.
Su presencia lo transforma todo.
Con una mirada, con una sonrisa, con su forma de ser…
ella cura heridas que ni siquiera sabía que seguían abiertas.
Me recuerda lo que es el amor de verdad, sin condiciones, sin expectativas, sin pedir nada a cambio.
Un amor puro, libre, abundante… que simplemente es.
Y entonces entiendo que mi abundancia tiene todo el sentido del mundo y no es en vano. Somos lo que damos, o lo que tenemos para dar. Cuando encuentras a alguien con tu misma condicion inerente sólo puedes sentir paz.
Y te das cuenta que todo lo que importa está en esto. En ella. En lo que sentimos.
Dios me regaló un ser de luz el día que la parí.
Y yo volví a nacer con ella.
Volví a creer en el amor incondicional en el mismo instante en que apareció en mi vida.
Cuánto amor… cuánto aprendizaje… cuánta verdad.
Y todo… absolutamente todo… gratis.

No hay comentarios:
Publicar un comentario