martes, 7 de abril de 2026

Si pudieras elegir de quién enamorarte…

Si pudieras elegir de quién enamorarte, probablemente al principio dirías que no tiene sentido. Que el amor no se elige, que simplemente ocurre, que llega cuando quiere y con quien quiere. Pero si lo miras un poco más despacio, con honestidad, la pregunta empieza a incomodar… y también a abrir algo importante.

Porque no se trata tanto de elegir a quién te atrae o qué sientes en un primer momento. Se trata de algo más profundo: qué haces con eso que sientes. A quién decides quedarte mirando. A quién le das espacio dentro de ti. A quién le permites entrar y quedarse.

Si pudieras elegir conscientemente, sin dejarte arrastrar por la intensidad, ¿elegirías a alguien que te genera dudas o a alguien que te da calma? ¿A alguien que aparece y desaparece o a alguien que se queda sin que tengas que preguntarte nada? ¿A alguien que tienes que entender o a alguien que te entiende?

Muchas veces no nos enganchamos a la persona en sí, sino a la emoción que nos despierta. A la intensidad, a la expectativa, a lo que podría llegar a ser. Nos quedamos en el “potencial”, en la historia que imaginamos, en la sensación de que si todo encajara, sería perfecto. Pero mientras tanto, la realidad es otra.

Y ahí es donde esta pregunta se vuelve realmente poderosa.

Porque si esa persona no cambiara nada… si se quedara exactamente como es hoy, con sus dudas, sus tiempos, sus silencios, su forma de estar… ¿la elegirías igualmente?

Esa es la diferencia entre sentir y elegir.

No siempre puedes evitar lo que sientes, pero sí puedes decidir si te quedas en un lugar que no te da lo que necesitas. Puedes decidir si sigues invirtiendo en algo que te deja a medias o si empiezas a elegirte a ti, aunque duela.

Quizá el amor más sano no es el que más te mueve, ni el que más te engancha, ni el que más te hace pensar. Quizá es el que no te obliga a cuestionarte constantemente. El que no duele mientras lo vives. El que no tienes que descifrar. 

Por eso, volver a esa pregunta no es un ejercicio romántico, es un acto de claridad:

Si pudieras elegir de quién enamorarte… ¿te elegirías a ti en esa historia?







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