sábado, 25 de abril de 2026

¿Por qué una manzana se creería más o incluso menos que otra?

Si todas somos iguales… si todas salimos del mismo árbol…
¿de dónde nace ese “más” o ese “menos”?

La respuesta es sencilla:
porque ha olvidado lo que es en esencia.

Sigamos con la metáfora…

Una manzana que se compara, que se siente superior o inferior, no está viendo su verdadera naturaleza. Ha perdido la conciencia de su origen, de su esencia, de la semilla que lleva dentro. Está literalmente desconectada de sí misma.

Porque la semilla también es árbol.
La raíz también contiene el árbol.
Y la manzana… también lo es.

Pero aquí empieza el verdadero camino de conciencia, el primer escalón para recuperar la memoria.

Antes de reconocer que perteneces al árbol, primero debes reconocer que eres manzana.
Y no desde lo superficial, no desde el cuerpo o la forma que cambia y caduca con el tiempo.

Sino desde ese “Yo soy” que habita en ti.

Ese “Yo soy” no es el cuerpo físico.
El cuerpo envejece, cambia, desaparece… es solo una cáscara.

Pero hay algo en ti que observa, que siente, que es…
y eso permanece.

Cuando empiezas a reconocer ese “Yo soy”, el juego del “más o menos” empieza a perder sentido.

Pero no basta con entenderlo.

Todos tenemos inseguridades.
Todos nos hemos comparado en mayor o menor medida.

Y aquí es donde entra el verdadero trabajo interior:
verlo, dejar de justificarlo y atravesarlo.

Pero… ¿cómo se llega a reconocer ese “Yo soy”?

No es algo que se piense.
Es algo que se observa.

Empieza cuando te detienes.

Cuando dejas de identificarte con todo lo que pasa por tu mente.
Cuando te das cuenta de que no eres tus pensamientos… porque puedes observarlos.
Que no eres tus emociones… porque también las ves aparecer y desaparecer.

Y comprendes que tampoco eres tu cuerpo…
no porque lo niegues, sino porque puedes percibirlo y además es perecedero.

El cuerpo, la mente y las emociones forman parte de ese sistema…
pero no son lo que eres.

Todo eso puede ser observado.
Y si puede ser observado… no es el “Yo soy”.

Entonces, ¿qué queda?

El que observa.
El que es consciente.
El “Yo” .

Y es ahí, en esa presencia, donde empiezas a recordarte.

Este camino es para quien se sienta identificado.
Para quien percibe que hay algo más.
Para quien se cuestiona y no quiere quedarse en lo fácil.

Para quien decide mirar hacia dentro.

Y quien no esté ahí… también está bien.

Yo no vengo a imponer nada, intento transmitir esas cosas que me han ayudado a que mi camino sea más ligero. Sobretodo hablo para quién quiera escuchar.

Porque al final, no se trata de convertirte en árbol… eso ya somos.
Sino de recordar que nunca dejaste de serlo.










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