La parte más honesta de trabajar en uno mismo es desarrollar la capacidad de no utilizar la influencia que podemos llegar a tener sobre otras personas.
Cuando una persona hace un trabajo interior profundo, empieza a comprender más a los demás, a percibir sus emociones, sus heridas o sus momentos de vulnerabilidad. Y eso, de alguna manera, también puede convertirse en una forma de poder.
Pero el verdadero trabajo personal no está en tener ese poder, sino en la integridad y la humanidad con la que decidimos relacionarnos con él.
Porque comprender a alguien también significa que, si quisiéramos, podríamos influir en sus decisiones, tocar ciertos puntos sensibles o incluso manipular determinadas situaciones.
Y ahí es donde aparece algo esencial:
Recordar que cada persona está viviendo su propio proceso.
No somos nadie para dirigir, manipular o moldear el camino de los demás.
Podemos acompañar, podemos escuchar, podemos compartir lo que hemos aprendido… pero siempre desde el respeto más profundo por el proceso de cada persona.
Como terapeuta y como persona es algo en lo que pienso mucho y que, sinceramente, me preocupa.
Acompañar, escuchar y hablar con personas que están viviendo procesos que quizá nosotros ya hemos transitado no significa que debamos influir para que recorran el mismo camino que nosotros elegimos.
Tenemos una gran responsabilidad —como personas, como padres, como amigos o incluso hermanos— de saber escuchar.
Y a veces, incluso, de no aconsejar si no se nos pide.
Porque acompañar también significa dejar espacio para que cada persona decida cómo quiere vivir y desarrollar su propio camino.
Cada uno de nosotros tiene cosas diferentes que aprender. Todos venimos con un aprendizaje personal de vida. Y ese proceso no siempre viene dictado por el mundo exterior, sino que muchas veces nace de un lugar más profundo, más elevado, que forma parte de la experiencia de cada alma.
Por eso es tan importante no olvidar algo fundamental: trabajar en nuestra propia brújula interior, la intuición.
Es desde ahí desde donde podemos sentir si la información que nos llega es auténtica, si ese consejo realmente nos beneficia, si esas palabras nacen del amor, si nacen del corazón… o si simplemente debemos dejarlas pasar.
Porque en todo esto la línea es muy, muy fina.

No hay comentarios:
Publicar un comentario