jueves, 7 de mayo de 2026

AUNQUE HAYA LOVE, SI JUEGAS SUCIO, NO HAY NOTHING!

“Mi lealtad me mantuvo en situaciones de las que el sentido común debió haberme sacado.”

Hay frases que incomodan… porque tocan algo real.

Nos enseñaron que la lealtad es un valor.
Que debe acompañar a los vínculos cercanos y duraderos.
Que estar, aguantar, sostener… es amar.

Y sí, la lealtad es importante.
Pero no cuando te cuesta a ti.

Porque muchas veces no es lealtad consciente.
Es miedo.
Miedo a soltar lo que, en el fondo, sabes que duele.
Es culpa.
Es necesidad de pertenecer.

Y entonces te quedas.

Te quedas en dinámicas que no te hacen bien.
En relaciones que te desgastan.
En entornos donde, si fueras honesto contigo, ya no elegirías estar.

Pero sigues ahí…
porque “es tu familia”,
porque “es tu pareja”,
porque “es alguien importante”.

Y sin darte cuenta, el sentido común empieza a quedarse en segundo plano.


Por eso es importante entender algo:

No todo vínculo merece tu lealtad.


Y sí, suena duro.

Pero no por ser familia,
ni por ser pareja,
ni por ser amigo.

Si fueras justo contigo, verías que la lealtad no debería basarse en el título…
sino en la coherencia.

Y la confianza tampoco debería ser automática.

No se trata de desconfiar de todos.
Se trata de no confiar ciegamente en alguien solo por el lugar que ocupa en tu vida.

Porque cuando lo haces…
te desconectas de algo muy importante:

De ti.

De tu intuición.
De tu criterio.
De lo que, en el fondo, ya sabes.

Y ahí es donde empiezas a sostener lo que no deberías sostener.

Ser leal está bien.
Pero no a costa de abandonarte.


Porque hay algo que a veces cuesta aceptar:

No todas las personas merecen tu lealtad.


Y eso también incluye a algunas que forman parte de tu vida desde siempre.

Crecer también es esto.

Aprender a elegir… sin traicionarte.















 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Volver a uno mismo: El camino que me llevó a crear esta membresía

  Si algo he aprendido a lo largo de mi vida es que las experiencias más difíciles pueden convertirse en nuestros mayores maestros. Hay vida...