En alguna ocasión he hablado de la desconexión espiritual.
Desde mi experiencia, y lo que yo misma he vivido, estar desconectados de nuestro espíritu se siente como una especie de bruma en los pensamientos: falta de claridad en las decisiones, inquietud constante y, a veces, ansiedad frente a la vida y sus resultados.
Sentimos que perdemos el control, y eso refuerza aún más la necesidad de querer controlarlo todo: las situaciones, los tiempos, los resultados.
Cuando estamos en desconexión, estamos muy cerca del ego. Sentimos tristeza o poca plenitud con la vida en general. Hay un vacío que no podemos llenar con nada. Creemos que siempre tenemos razón y no nos permitimos cuestionarnos.
Sin embargo, en esencia, somos seres espirituales viviendo una experiencia terrenal, en un cuerpo que nos es prestado por un tiempo.
Acercarnos a nuestro espíritu es acercarnos a una verdad más profunda. Es dejar de necesitar resultados para estar en paz. Es rendirse a confiar, incluso sin saber qué viene después.
Estar conectados espiritualmente es sentir que soltar el control, dejar de anticiparnos y permitir que la vida se despliegue… nos trae paz.
Al final, la desconexión del espíritu se alimenta de los pensamientos.
De estar constantemente dando vueltas a ideas que nos confunden, que no nos traen ni paz ni calma.
Aprender a soltar el control, el dolor y el miedo es empezar a recorrer el camino hacia la calma.
Es volver a conectar con tu verdad y empezar a ver un camino que antes no veías, porque la mente y el ruido interno lo nublaban todo.
Siempre digo que nadie nos hace nada.
Somos responsables de nuestra vida y de nuestra realidad, y muchas veces acabamos viviendo aquello que proyectamos desde el miedo.
Hay una metáfora que lo explica muy bien: la del lobo blanco y el lobo negro.
Dos polaridades que habitan en nosotros, en el mundo, en la vida: la oscuridad y la claridad.
La pregunta es: ¿qué lobo estás alimentando?
¿El de los pensamientos oscuros, repetitivos, obsesivos y pesimistas…
el que vive desde el miedo, la duda y la necesidad de control?
¿O el lobo de la claridad…
el que te acerca a la calma, el optimista, el que confía en la vida…
el que entiende que, por más que intente controlar las cosas, no puede hacerlo todo?
Porque cada pensamiento que eliges sostener, cada historia que te repites… está alimentando uno de los dos.
Y muchas veces no es lo que te pasa, sino cómo lo vives…
lo que te aleja o te acerca a tu paz.
Así que quizá no se trata de cambiar toda tu vida de golpe,
sino de empezar a observar:
¿qué estás alimentando hoy, sin darte cuenta?
Porque existe algo más grande que nosotros, algo que marca el ritmo, el camino y, en cierta forma, los tiempos de la vida.
Y ahora párate un momento…
y sé honesta contigo:
¿lo que estás pensando hoy te acerca a tu espíritu… o te aleja de él?

No hay comentarios:
Publicar un comentario