domingo, 5 de abril de 2026

El mito del sexo d茅bil y la verdad que no queremos ver

Cada vez se est谩 dejando entrever m谩s la realidad del llamado “sexo d茅bil”.
Y con esto quiero decir que, poco a poco, se esta dejando ver que aquello que durante tanto tiempo se ha nombrado como debilidad en la mujer… es, en realidad, una de las mayores fortalezas que existen.

Durante a帽os se nos ha ense帽ado a mirar la sensibilidad como fragilidad, la emocionalidad como inestabilidad y la capacidad de sostener como una carga.
Pero hoy, observando tanto mi trabajo como mi vida personal, cada vez se percibe algo muy distinto.

Me encuentro con muchos hombres que se sienten profundamente perdidos.
Hombres que no saben hacia d贸nde ir, que no terminan de encontrarse, que viven desconectados de s铆 mismos viviendo vidas que no saben si quieren.
Les cuesta asumir responsabilidades, les cuesta sostener compromisos, les cuesta incluso reconocer lo que sienten.

Y cuando uno no puede reconocer lo que siente… mucho menos puede expresarlo con verdad.
Y cuando no puede expresarlo… tampoco puede sostenerlo.

Por eso muchos optan por el silencio, por evitar conversaciones inc贸modas, por no pronunciar palabras que en el fondo saben que no podr谩n respaldar con sus actos. Y as铆, poco a poco, se refugian en relaciones vac铆as, en la distracci贸n constante, en est铆mulos externos que llenan moment谩neamente, pero no nutren y desconectan cada vez mas su ser con la realidad dejandolos vac铆os. Todo con tal de no mirar hacia dentro.

Pero este no es un juicio.
No es una cr铆tica.
Es una observaci贸n.

Porque si miramos m谩s profundamente, esto tambi茅n tiene que ver con la naturaleza y con c贸mo hemos sido condicionados como sociedad. La mujer, por su propia biolog铆a, est谩 dise帽ada para albergar vida. Para gestar, para contener, para sostener procesos largos, inc贸modos, transformadores.

Y aunque no siempre d茅 vida en un sentido literal, esa capacidad de sostener sigue estando presente: emocional, energ茅tica, mental.

La mujer siente, procesa, integra… y permanece. Y eso, lejos de ser debilidad, es una fuerza inmensa.

Por eso, cuando una mujer se encuentra con un hombre que s铆 est谩 en su eje, algo dentro de ella se detiene.

Un hombre que sabe qui茅n es.
Que sabe lo que quiere.
Que no se esconde.
Que habla con coherencia porque se sabe escuchar tambi茅n act煤a en consecuencia.
Que ama con presencia, con respeto, con responsabilidad.
Que no huye cuando las cosas se ponen profundas o inc贸modas.      

Ese hombre no abunda. Y por eso, cuando aparece, muchas mujeres se quedan en silencio… sorprendidas, casi sin saber c贸mo reaccionar. Porque no es la norma.

Y quiz谩s ha llegado el momento de dejar de hablar de debilidad y empezar a reconocer la verdadera naturaleza de cada uno.
Sin competir.
Sin atacar.
Sin separarnos.

Sino comprendiendo que cuando cada parte est谩 en su lugar… la relaci贸n deja de ser lucha y se convierte en encuentro.

S茅 que a algunas personas, al leer estas palabras, algo les va a chirriar por dentro.
Como si se moviera una pieza inc贸moda, como si algo no encajara. 
Y precisamente a esas personas les hago una invitaci贸n:

Mirad hacia dentro.

Preg煤ntate con honestidad:
¿Por qu茅 esto me incomoda?
¿Qu茅 parte de m铆 se siente tocada o identificada por este mensaje?
¿Qu茅 bot贸n est谩 presionando en m铆 para que aparezca el enfado, la rabia o el desacuerdo?

Porque cuando algo nos remueve, rara vez es por casualidad.
Si no que  habla de algo propio, de algo que a煤n no est谩 resuelto, de algo que pide ser visto para ser trabajado.

Si este texto no resuena contigo, si no te genera ning煤n tipo de reacci贸n, simplemente no es para ti. Y est谩 bien.

Pero si algo dentro de ti se activa, si hay una emoci贸n que se despierta… ah铆 hay una puerta.
Una oportunidad de mirarte con m谩s profundidad. 
No para juzgarte. No para atacarte. Sino para comprenderte.

Porque al final, no se trata de se帽alar a nadie, sino de hacernos un poco m谩s conscientes de qui茅nes somos, de c贸mo vivimos y de desde d贸nde nos relacionamos.

Y ese camino, aunque inc贸modo a veces, siempre empieza hacia dentro. 




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